La Leyenda del Cabrero. Cap II.

13 06 2009

Capítulo II. “Preguntad en Villa Oscura.”

Crouch End Festival Chrous – Halo Suite

 

Más allá de la seguridad de las murallas de Ventormenta, al sur de la apacible aldea de aspecto otoñal Villadorada, cruzando el río Nazferiti que marca las fronteras de la región (habitado por felices murlocs asesinos), se encuentra el hermano rebelde del Bosque de Elwynn. Un lugar siniestro, corrupto y oscuro que responde al nombre de Bosque del Ocaso. Y como un lucero en la oscura noche, resisten ante las fuerzas de la oscuridad como buenamente pueden, los valientes de Villa Oscura, que se mantienen fuertes en la zona oriental.
—Dime, Vik, ¿por qué pensaste en este sitio? —preguntó el Maestro Alcani.
—Bueno, es el único lugar donde hay pasto para mantener ciento cincuenta cabras, además de muchas montañas.
—Y está maldito, y nadie tiene el valor de acercarse. Voy a tener que empezar a traer mis cosas aquí.

Viktor y Alcani llegaron montados en el caballo del primero, y el vigilante Backus les dio la bienvenida. Cualquier miembro de la Alianza era bien recibido, la poca ayuda que pudieran aportar a la aldea sería crucial en la vida diaria de sus habitantes.
El semental negro aminoró la marcha y, al paso, llegó hasta la plaza. Villa Oscura había quedado reducida a un puñado de casas debido a la terrible maldición desatada hace años por un peligroso artefacto, pero los miembros de la guardia nocturna daban hasta el último aliento por proteger lo poco que quedaba.

¿Una amiguita?

¿Una amiguita?

En la plaza, una preciosa chica vestida con el uniforme de la guardia nocturna les salió al paso.
—Vaya, vaya —dijo—, mira a quien tenemos aquí. ¿Vienes a traer más oscuridad a Villaoscura, Viktor?
—Sarah, me alegro de verte —el caballo de Viktor dejó atrás a la joven y se detuvo en la posada.
—¡No te voy a quitar ojo, pícaro! ¡Aquí ya no eres bien recibido! —dijo ella, y tras darse la vuelta esbozó una sonrisa.

Con un suspiro, Viktor se dejó caer en una silla en la posada. Alcani se subió a la mesa justo enfrente y con una sonrisa como una raja de melón susurró:
—¿Una amiguita? No parece contenta de verte.
—La vigilante Sarah Ladimor de la guardia nocturna, menuda pieza —Viktor se percató del tono de Alcani, y levantando un dedo continuó—. Pero no te vayas a pensar nada raro. Le eché una mano hace unos años con un embalsamador chiflado que pretendía crear un monstruo. Me ofreció ser miembro de la guardia, un buen puesto, a su lado, pero dije que no. Se lo tomó fatal, y aquella misma noche me largué. Espero que no nos dé problemas.
—Ya. Una lástima, tenía un anillo que parecía caro. Además, creo que si vamos a luchar contra un demonio, la guardia nocturna sería como mínimo una gran ayuda.
—Bueno. A lo mejor podemos encontrar a alguien.
Alcani asintió. Se terminó la cerveza de un elfo despistado al pasar junto a su mesa y salió a la calle seguido de Viktor.
 

Si había alguien en Villaoscura que conociera la situación, ese era el alcalde. Ello Cerranegro, había sido el único con el valor para gobernar la aldea después de aquel incidente.
—¿Qué incidente? —Alcani no estaba realmente interesado en la historia de la aldea, pero quería que el alcalde estuviera entretenido un rato mientras él examinaba el ayuntamiento.
—Hace algunos años —comenzó a narrar Cerranegro—, unos mineros desenterraron algo al sur. Un artefacto de gran poder que los elfos de la noche habían escondido. Era la Guadaña de Elune, un arma terrorífica entregada por su diosa, pero que se fue volviendo una amenaza con el tiempo.
—¿Cómo se convierte un regalo de Elune en una amenaza? —preguntó Viktor.
—Realmente no creo que Elune se la diera. Lo más probable es que fuera un engaño de la Legión Ardiente. Y cuando perdieron el control se deshicieron de ella en este bosque. Y resultó que tenía el poder de invocar los hombres-lobo llamados ferocanis, desde otra dimensión, levantar a los muertos, y corromper a los vivos.
El alcalde se pasó la mano por los ojos.
—Aunque últimamente los aullidos de los ferocanis, parecen haber sido sustituidos por balidos —suspiró.
—Impresionante —masculló Alcani con desgana, desilusionado ante la ausencia de riquezas en la sala—. Oiga, dos preguntitas. ¿Han encontrado ya alguna cabra?
—En realidad no, no tenemos efectivos para ocuparnos de esto. Nos están faltando incluso para nuestros propios problemas —contestó el comandante.
—¿Se da cuenta Maestro? —los engranajes de Viktor comenzaron a girar— Es posible que el ser que andamos buscando tenga algo que ver con la guadaña.
Cerranegro apoyó su mano en el hombro de Viktor, y mirándole a los ojos le dijo:
—No merece la pena por una cabra, muchacho. Un artefacto tan poderoso sin duda atraerá a fuerzas muy superiores a vosotros.
—¿Una cabra? —exclamó el enano— Son ciento cincuenta cabras, a una media de cincuenta oros por cabra, son… —los ojos del Maestro parecían salirse de sus órbitas a medida que contaba con los dedos a toda velocidad.
Viktor pensó además en la posibilidad de que la influencia de la guadaña convirtiera las cabras en monstruos sedientos de sangre.
—Tenemos que actuar cuanto antes, Cerranegro, ¿qué podemos hacer?
El alcalde sopesó las posibilidades. Negó con la cabeza y dijo:
—Uno de los mineros sobrevivió. Se llama Alterio y está en el pueblo fantasma de Cerro del Cuervo, aislado por voluntad propia. Quizá sepa algo.
—No parece muy convencido…
—Bueno, la verdad es que es el tipo que más tiempo ha estado en contacto con la guadaña y no ha muerto. Aunque se ha vuelto, digamos, obsesivo…
—¡Eh! —exclamó Alcani— Mi otra pregunta: ¿Dónde está el banco?

Villa Oscura y la Guardia Nocturna.

Villa Oscura y la Guardia Nocturna.

Unos minutos después, los dos pícaros cabalgaban hacia Cerro del Cuervo mientras la chica les observaba partir.
—¿Sabes Viktor? —exclamó Alcani— Pese a la triste ausencia de un banco en esta aldeucha, cada vez veo más posibilidades de sacar tajada de esto.
—Pues yo cada vez veo menos claro que vayamos a salir enteros. En cuanto a lo del banco, bueno, ahora sabes porque me marché.
Cuando estuvieron lo bastante lejos, Sarah Ladimor subió a su caballo y salió tras ellos.


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