CAPITULO 16.— Contratiempos.
Dropkick Murphys – Sunshine Highway
Tras la batalla, acordaron aprovechar las horas de luz que aún quedaban para viajar hasta Entrañas, donde descansarían para continuar al amanecer.
Caminaron hasta la torre por la que los viajeros suben y bajan de los zeppelines de la conocida asociación de transportes goblin: Bonvapor.
No había ningún viajante más esperando el transporte.

Rokwen se aproximó a uno de los goblin que vigilaban la torre.
—¿Cuando llega el próximo zeppelín a entrañas?
—Emmm, no estoy seguro… —le respondió el goblin.
—¿Cómo que no está seguro?
—Si, bueno… hemos tenido algunos contratiempos.
—¡Cuéntalo! ¡No es nuestra culpa! —Interrumpió otro goblin– Es culpa del contramaestre Viraviento, por hacer negocios con esos estúpidos gnomos y su chapucera tecnología.
—¡Cierra el pico Cinturilla!— Dijo el primer goblin al otro.

—¿Qué ocure?— Preguntó Marajute.
—Ah, esta bien, lo contaré —comenzó el goblin—. Me temo que el zeppelín va a tardar… Hace unas semanas, nuestro jefe, el contramaestre Viraviento decidió comprar un nuevo invento de tecnología gnómica a unos traficantes de piezas, los de Ventura y Cia., para que copiásemos el invento y lo aplicásemos a los zeppelín. Así lo hicimos. El zeppelín funcionó bien hasta llegar a la costa, pero una vez allí…
—Bueno, casi llega al otro continente…— Dijo Allesyen.
—No— Corrigió el goblin– Casi sale de este…
—Es por culpa de esos gnomos que se creen que sus inventos funcionan —Se quejaba el otro goblin—. En realidad sus inventos son un fracaso.
—¿Y los tripulantes? —Pregunto Udogada.
—¡Allí!— El goblin señaló hacia la costa próxima a la torre.
Al asomarse pudieron ver un grupo de murlocs carbonizados en la playa, junto a un gran motor de chatarra y madera quemada.
—¡Por el Pozo del Sol! ¡Que cruel! —Dijo Dae— Los usasteis para probar el zeppelín.
Los goblin asintieron con la cabeza.
—¡CABRONES!
Cuando consiguieron tranquilizar a Daerel para que no matase a aquellos pobres diablos y convencerle de que era la única forma de ir allí, el sol ya se había ocultado y un zeppelín de los normales aparecía por el horizonte.
El grupo subió al transporte y tomaron asiento en la cubierta de madera.
—Eto va a tarda… —Se lamentó Marajute.
—Me temo que si —Dijo Udogada.
—Huele a quemado, ¿no?
—¡No hagas fuego, locooo!— gritó el tauren mirando al trol que había apilado en la cubierta unas tablillas de madera e intentaba prenderlas frotando dos piedras.
El transporte empezó a moverse.
—Espero llegar mas allá de la costa —Decía Dae asustada.

Pronto, uno tras de otro cayeron en un profundo sueño.
Zhul se despertó, la luz de la luna iluminaba toda la cubierta, todos permanecían dormidos excepto Marajute. Zhul se incorporó para buscarlo hasta que lo encontró tumbado en el mástil de proa durmiendo sobre unos escasísimos 25 centímetros de madera cilíndrica a unos 50 metros de altura sobre un oscuro y extensísimo océano.
—¡Será cabrón!— dijo el tauren saltando para agarrarlo al ver que el pícaro se inclinaba peligrosamente hacia un lado.
Antes de siquiera tocarlo el cazador se percató de que no se caía, si no que el trol se balanceaba con gracia sobre su “lecho” canturreando una nana.
Indignado el tauren se asomó por la borda y observó el reflejo de la luna en el agua. Pronto vislumbró la costa repleta de árboles oscuros y secos de los Claros de Tirisfal, donde se erguía la gran ciudad de Lordaeron en cuyas alcantarillas moraban ahora los Olvidados, un grupo de no-muertos encabezados por Lady Sylvanas Windrunner.
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[...] Un tiempo perdido Cap.XVI septiembre, 2009 [...]