Un tiempo perdido Cap.XXII

10 10 2009

CAPITULO 22.— En el fondo todos somos pícaros.

 Nightwish – The Phantom of the opera

Comenzaron a subir por las escaleras de mármol blanco hasta llegar al salón de baile, donde en grupos los entes danzaban al son de la música de la torre que allí se oía aun más fuerte.
 La sala era muy amplia, salpicada de cuadros y grandes lámparas de araña que colgaban del techo. Los habitantes de la misma parecían celebrar algún tipo de festividad.
Caminando próximos a las paredes, entre las sombras, para no inoportunar a los danzarines espectros, tomaron dirección a la siguiente sala, donde Moroes los iba a recibir, aunque claro estaba que ellos no pensaban ni por asomo reunirse con él.


En el salón comedor se celebraba un banquete. Dos grandes mesas alargadas soportaban el peso de innumerables y exquisitos manjares de comida continuamente regados con vinos que servían los camareros esqueléticos a los comensales.
La sala era aun más amplia que la de baile y la entrada se encontraba al fondo.
Justo en el lado opuesto había un pequeño atril donde un no-muerto se disponía a comenzar su discurso.
—Señoras y caballeros—Comenzó— Gracias por asistir a esta estupenda velada.

Label Copy Conversion – Dracula-The Beginning

salon

Por sus palabras, se deducía que aquel ser, era el señor Moroes y ese era el momento exacto que debían aprovechar para atravesar la sala y avanzar por la torre.
Tomaron seis manteles blancos de la mesita de servicio y cubriéndose con ellos se deslizaron por la parte de atrás de la sala hasta la entrada al pasillo que les llevó a la biblioteca.
La estancia de la biblioteca estaba muy poco iluminada, forrada de estantes que sujetaban millones de libros y manuscritos. El aire era cada vez mas denso, la tenue luz mostraba el camino, entre las inmensas estanterías, que debían seguir y llegaba hasta una pequeña puerta, también de madera.
—Eto ze puede vende…—Dijo Marajute tomando un libro de la estantería.— a unoh cico oroz…
Como respuesta al acto del trol, el libro se revolvió y se le encaramo a la chepa. Acto seguido las estanterías comenzaron a vibrar mientras todos los libros adquirían vida propia y se agitaban por toda la sala, golpeando a todo lo que en ella había.
Al agacharse para cubrirse de la lluvia de golpes el ruido cesó, y al levantar de nuevo la mirada todo estaba perfectamente colocado como si nada hubiese ocurrido.
—Esto no me gusta…— Dijo Dae.
—¡No toques nada Marajute!—dijeron al unísono.
—¡Vah! ¡Vah!
Tras la puerta, se extendía un corredor de estrechas y empinadas escaleras donde la luz no llegaba.


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