Prioridades. Cap XIII.

3 06 2010

Capitulo 13. Las riendas del destino.

Sam Spence – The Pony Soldiers

Alcani no le había simplemente dado el cuerno al Cabrero. Se lo había estrellado en la frente con toda la fuerza de la que pudo hacer gala. El demonio había aflojado la presa enseguida y el enano había saltado de su brazo, lanzándose con ansia hacia el saco que pendía sobre el abismo. Y entonces todo se había vuelto de color blanco. Leer el resto de esta entrada »





Prioridades. Cap XII.

7 05 2010

Capitulo 12. Cuando el reloj se detiene.

Ramin Djawadi – Merchant Of Death

El Cabrero dejó caer a Daerel y Zhultarak sobre las tablas. Los cazadores se miraron durante un segundo.
—Ni se te ocurra —dijo él.
—No he llegado tan lejos para nada —ella echó a correr.
Cuando el tauren hizo el amago de seguirle, una trampa de hielo estalló a sus pies convirtiéndole en un pequeño iceberg de cuello para abajo.
—¡No, espera!
—¡Tranquilo —gritó ella mientras se alejaba—, después de matar a Alcani le daré a Rokwen una buena patada en el culo!

Cuando Lord Kazael aterrizó en cubierta, no dejó pasar ni un segundo antes de abalanzarse sobre Viktor. Soltó la estocada desde el pecho, y las runas de la hoja brillaron con luz propia. El pícaro apenas tuvo tiempo de agacharse, pero la esquivó y entrando en el espacio de su contrincante le lanzó un codazo al rostro.
El golpe ni siquiera detuvo a Kazael, que intentó agarrarle del cuello. Leer el resto de esta entrada »





Prioridades. Cap XI.

13 04 2010

Capitulo 11. El Cabronés Errante.

Steve Jablonsky – Scorponok

—¡Joder, se han cargado al Ecologista!
—El Purificador —masculló Viktorsylver—. Y no está muerto, aún.
—A mi me parece bastante muerto… —susurró el enano escudriñando en la distancia a Udogada, que agonizaba al pie del Portal.
Viktor y el enano, estaban a unos escasos veinte metros del Portal. Tras ellos un pequeño ejército de necrófagos vestidos de arlequines se movía con lentitud pero constancia. Frente a ellos, el profano Lord Kazael les dedicó una mirada de desprecio. Levantó la espada a la altura de los ojos y apuntó con ella al asesino.
—¿Y bien, señor Sylver? Se sentirá algo desequilibrado con un solo brazo. Déjeme que arregle eso… arrancándole el otro.

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