Un tiempo perdido Cap.XIII

4 09 2009

CAPITULO 13.— El reencuentro con el pasado.

Angra – The Shadow Hunter

Ambas embistieron contra su oponente, resultando de ello un tremendo impacto del que cada una salió despedida hacia su correspondiente lado, acompañado de un sonido que se propagó por todo el claro.
La segunda batida fue menos enérgica pero fue continuada por un vendaval de estocadas con su debido impacto en el arma del oponente.
Tras el ataque se detuvieron a recuperar aliento.
—¿Por qué… tanto odio?— Pregunto entrecortada Rokwen.
—Tuya es la culpa… de las desdichas de nuestra raza— Obtuvo por respuesta.
—No… no es cierto.
—Si lo es, ríndete, no estas a mi nivel.

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Un tiempo perdido Cap.XII

27 08 2009

CAPITULO 12.— No olvides el olor de la calma que precede a la tormenta.

Enya – Orinoco Flow

Caía ya la noche sobre el claro de luna y a pesar de ello el brillo de la zona no disminuya, si no que iba cambiando sus tonos verdes enrojecidos por unos más blanquecinos.
Las tenues lucecillas de las velas de las moradas de los druidas, danzaban reflejadas sobre el agua con un tintineo mágico, las lechuzas hacían un suave coro que daba un sonido de fondo relajante al Claro de Luna, acompasadas por los sonidos del viento en las ramas y el olor a comida de las hogueras del poblado.
El grupo aguardaba a Udogada en el borde del lago, contemplado entre los árboles la resplandeciente luna que se reflejaba en las mansas aguas, perturbadas a veces por el esporádico salto de un pez, completamente despreocupados y ajenos a lo que les aguardaba en el futuro.

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Un Tiempo Perdido. Cap I.

19 07 2009

CAPITULO 1.  El comienzo del viaje.

Basil Poledouris – Theology/Civilization

 

Pocos osaban adentrarse en los frondosos y oscuros bosques de Vallefresno donde, durante largo tiempo, los elfos de la noche mantenían una cierta supremacía, defendiendo el bosque y sus habitantes de intrusos peligrosos.
En aquella ocasión Zhultarak y Daerel habían partido tarde, bien pasado el mediodía desde Orgrimmar, capital de la Horda, en el que sería un fatigoso viaje hacia el norte. Su destino era el hogar de los druidas, situado en El Claro De Luna, al norte del continente.
Su propósito era mera curiosidad, jamás habían visitado la zona, y a pesar del riesgo que entrañaba atravesar el bosque e introducirse en aquel místico lugar, nada iba a hacerles retroceder.
Daerel era la elfa más tozuda que podía existir, no había quien la pudiese convencer cuando había tomado una decisión salvo Zhul, que esta vez no tenia nada mejor que hacer y tras horas de insistencia accedió a acompañar a la elfa.

Dejando atrás las amplias estepas de tierra férrea y los pastos secos de Los Baldíos, los cazadores se adentraban el Vallefresno, avisados de antemano por las escasas avanzadas de orcos de la zona colindante con los dominios de la Horda.
El lugar era mágico, repleto de árboles viejos pero sanos, que descansan sobre la húmeda tierra poblada de hierba que luchaba por conseguir la poca luz a la que permitían el paso las frondosas copas de los árboles. Allí se respira un aire denso y la atmósfera se torna húmeda y de un extraño color azulado al que la vista no acababa de habituarse nunca.

Bosques de Vallefresno

Bosques de Vallefresno

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Dos de Tres. Cap I.

25 06 2009

Horda y Alianza, rojo y azul, colmillos prominentes contra barbacas pobladas.  ¡A todos nos gustan los conflictos, los palos y las pruebas absurdas! Vamos un poco más allá. Cazadores contra pícaros, mucho oro en juego y unas reglas que estamos deseando romper.

¿Y tú, de qué facción eres?

Dos de Tres.

Capitulo I. Caminos cruzados.

Walter Murphy – A Fifth Of Beethoven

En Los Baldíos hacía mucho calor. A Skuller le daba igual. Aunque arrastraba los pies por el polvo del camino, dando tumbos con la lengua  fuera, lo hacía porque era un no-muerto y no tenía mandíbula. Llevaba un fardo lleno de pieles a la espalda, un producto apreciado por los comerciantes de El Cruce por el que iba a sacar un montón de pasta en ese pueblo. Pensó en el dinero y al intentar sonreír se llenó de babas la camisa.
Sin embargo, a medida que se acercaba al poblado se dio cuenta de que faltaba algo muy importante. Los guardias. ¿No solía haber un par de ellos allí y otros tantos en la parte oriental?
Skuller respiró aliviado (o al menos emitió un desenfadado gorgoteo) cuando llegó y se encontró con que todo parecía normal. Se acercó al herrero.
—¿Gla? —el no-muerto le mostró el interior del saco.
—No me interesa, prueba por allí –le dijo el tauren de detrás del yunque.
Skuller se giró, vio al sastre de la aldea y se dirigió hacia él. Lo que no vio fue como en un abrir y cerrar de ojos, el herrero recibió un golpe en la cabeza, y desapareció en las sombras.
—Demasiado basto para mí —dijo el sastre al ver las pieles—, pero quizá al peletero le interesen.
El no-muerto se echó el saco al hombro. Cuando dos lazos cayeron sobre el sastre y le levantaron hasta el techo arrancándole un gemido, Skuller ya se había largado.
Una mano huesuda se posó en el hombro del peletero. Este se dio la vuelta y se encontró con la sonrisa perpetua de Skuller.
—Largo de aquí, me vas a babear todo el género.
—Gleber.
—Ya tengo de esas, montones. A algún capullo se le ocurrió asegurar que aquí nos gustan y todos los idiotas de la región vienen cargados de ellas.
El no-muerto se fue arrastrando el saco por el suelo, frustrado y furioso.
Instantes después, un saco enorme con dos agujeros para los cuernos convenientemente colocados, cubría totalmente la cabeza del peletero, dejándolo predispuesto a la tremenda salva de puñetazos que le dejó enterrado en un montón de pellejos de diversas bestias.

Crossroads

La guardia de El Cruce. Ahora la ves, ahora no.

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Ahoga tus penas.

23 06 2009

Un pequeño corto de transición a la siguiente historia, enlazando con los personajes de la Horda, donde os recordamos a Zhul, y os presentamos a Dae.

Este mini, va después de “La Leyenda del Cabrero” y de “Un Tiempo Perdido” (pendiente de publicar), y sirve de prólogo a “Dos de Tres”.

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