Capítulo V. Fin. Salda tus cuentas.
Si alguno de ellos no tenía miedo a la muerte, quizá fuera Alcani, aunque solo porque confiaba poder robar cosas exóticas en el infierno que le tuvieran preparado. Sin embargo, si no tenía miedo lo que si tenía eran razones para vivir. No podía dejar aquello hasta ser el bastardo más rico del planeta. Miró a sus compañeros. El tema estaba jodido.
Zhultarak se mantenía firme, luchando porque Misha no consiguiera ponerse delante de él.
Viktor se había hundido patéticamente hasta los ojos. Una columna de burbujillas surgía frente a su entrecejo.
Alcani alzó los brazos y gritó.
—¡Esperad!
Pero ya era demasiado tarde.
El estruendo de las armas resonó en toda la caverna y la mitad de los objetivos murieron.
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