CAPITULO 1. El comienzo del viaje.
Basil Poledouris – Theology/Civilization
Pocos osaban adentrarse en los frondosos y oscuros bosques de Vallefresno donde, durante largo tiempo, los elfos de la noche mantenían una cierta supremacía, defendiendo el bosque y sus habitantes de intrusos peligrosos.
En aquella ocasión Zhultarak y Daerel habían partido tarde, bien pasado el mediodía desde Orgrimmar, capital de la Horda, en el que sería un fatigoso viaje hacia el norte. Su destino era el hogar de los druidas, situado en El Claro De Luna, al norte del continente.
Su propósito era mera curiosidad, jamás habían visitado la zona, y a pesar del riesgo que entrañaba atravesar el bosque e introducirse en aquel místico lugar, nada iba a hacerles retroceder.
Daerel era la elfa más tozuda que podía existir, no había quien la pudiese convencer cuando había tomado una decisión salvo Zhul, que esta vez no tenia nada mejor que hacer y tras horas de insistencia accedió a acompañar a la elfa.
Dejando atrás las amplias estepas de tierra férrea y los pastos secos de Los Baldíos, los cazadores se adentraban el Vallefresno, avisados de antemano por las escasas avanzadas de orcos de la zona colindante con los dominios de la Horda.
El lugar era mágico, repleto de árboles viejos pero sanos, que descansan sobre la húmeda tierra poblada de hierba que luchaba por conseguir la poca luz a la que permitían el paso las frondosas copas de los árboles. Allí se respira un aire denso y la atmósfera se torna húmeda y de un extraño color azulado al que la vista no acababa de habituarse nunca.

Bosques de Vallefresno

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